¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL? PANORAMA Y APUNTES SOBRE UN DEBATE

por Chris Gilbert y Cira Pascual Marquina

A continuación presentamos la introducción del libro Para qué sirve El Capital: un balance contemporáneo de la obra principal de Karl Marx, publicado por Editorial Trinchera y Escuela de Cuadros en julio de 2014. El volumen incluye ensayos de Vladimir Acosta, Carlos Fernández Liria, Iñaki Gil de San Vicente, Néstor Kohan y Rubén Zardoya Loureda. 
*
El jaggernat –del sánscrito jagannatha, “señor del mundo”– es una enorme carroza consagrada a Krishna, avatar del dios hindú Vishnu, que se arrastra por las calles durante el festival anual de Ratha Yatra. En la Inglaterra del siglo XIX se creyó erradamente que, a forma de sacrificio, los hombres hindúes se lanzaban o empujaban a sus hijos y esposas ante las ruedas de las carrozas. Si en su trabajo periodístico sobre la India Karl Marx se topó con el término jaggernat y lo empleó con la carga propia de su tiempo –es decir, con el horror y el desprecio característicos en la Europa “civilizada” hacia los usos y costumbres de los pueblos “inferiores”–, más tarde utilizaría la imagen en El Capital con un sentido completamente diferente. Así el jaggernat, que en su artículo sobre la Revuelta de los Cipayos de 1857 Marx había asociado con “ritos sangrientos”, se convirtió en El Capital, una década más tarde, en símbolo de la crueldad capitalista. El capitalismo se presentó entonces como el “más mezquino y odioso de los despotismos”, cuyas ruedas trituran la vida del obrero[1]. Lo importante es que, a pesar de su desacierto al interpretar el rito hindú y de su contribución a la reproducción del exotismo orientalista, Marx revirtió su error en El Capital, llevando su proyección a donde debía estar: a la Europa industrializada.
Para el Marx de El Capital, el jaggernat representa al propio capital: el fetiche ante el cual nuestra sociedad sacrifica la vida, el bienestar, los principios, e incluso, en nuestro siglo, el propio planeta. El rasgo principal del jaggernat es su carácter inexorable. En la actualidad, la voracidad imparable del capital se expresa de múltiples formas. Una lista corta y aleatoria incluiría el desprecio por los acuerdos encaminados a frenar el calentamiento global (Kyoto y Copenhague); la negativa a eliminar armas químicas y nucleares (cuyos principales dueños son los países imperialistas y sus aliados); y la persistencia de la tortura (los EE.UU. se niegan a que sus soldados sean sometidos a los acuerdos internacionales y mantienen “black sites” para la tortura, mientras Hollywood entrega Oscars a películas que justifican la “interrogación reforzada”). La carroza capitalista sigue su curso contra viento y marea, y sus ruedas no sólo se ensangrientan con familias asesinadas en “ataques quirúrgicos” realizados por drones sino que también son salpicadas con la sangre de los once millones de niños que anualmente mueren por desnutrición. Quizás Margaret Thatcher haya sido quien mejor entendió la naturaleza inexorable de este monstruo moderno al declarar de forma tajante y cínica: There is no alternative.
Es en El Capital: crítica de la economía política donde Marx se propone exponer la lógica del capital y determinar con precisión qué tipo de inexorabilidad encierra. Su objetivo declarado es presentar “la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna”[2], es decir, precisar en qué medida y a través de qué mecanismos de causalidad estructural o histórica se determina la actividad humana en una sociedad en la que domina el modo de producción capitalista. Efectivamente, la nuestra es una sociedad que asigna roles económicos a los individuos (cosificación que permite tanto a Marx como a Balzac retratar a las personas en “la medida que son la personificación de categorías económicas...”) y que coloca a las mayorías sobre un lecho de Procusto por el rigor con que elimina lo que no engrana con la lógica capitalista. De hecho, esta situación no es muy diferente a la de una posesión demoníaca –nuestra sociedad está poseída por el capital–, y en última instancia la obra de Marx propone la liberación: la emancipación de la camisa de fuerzacapitalista que, más que controlar la locura, la impone.

La propuesta del encuentro
Escuela de Cuadros, concebida en lo fundamental como un programa de televisión, organiza seminarios sobre temas y textos que requieren un estudio circunstanciado. Este es el caso de una obra tan ambiciosa y transcendental (y, por qué no, tan difícil) como El Capital, que sin duda ocupa un lugar cimero en la historia del pensamiento revolucionario y, como tal, merece un tratamiento especial. Por eso nos planteamos un seminario con invitados nacionales e internacionales para abordar los tres tomos de la obra.
Emprender la lectura de un libro clásico constituye siempre una empresa dual: la de empezar de nuevo y retomar lo anterior; la de ver con los ojos de otros y abrir los propios desde el lugar y el momento en que uno se encuentra. Al plantearnos la lectura de El Capital, partimos de algunas nociones básicas sobre la historia de la obra y su interpretación. Si bien es cierto que El Capital se ha leído de forma integral y sistemática, no cabe duda de que han sido escasas las lecturas de este tipo. La muy citada afirmación de Lenin de 1914 –referida a que es imposible entender El Capital sin estudiar toda la Ciencia de la Lógica de Hegel– es seguida por una conclusión sorprendente: ¡ninguna generación anterior, del siglo pasado hasta el presente, había entendido a Marx![3] Más adelante, en el siglo XX, ni el marxismo occidental ni el marxismo soviético hegemónico se detuvieron mucho en la lectura de El Capital. Éste último, por lo general, se mantuvo en el terreno del marxismo vulgar de la Segunda Internacional –el marxismo que planteó ser una cosmovisión de la clase obrera[4] y cuya crítica de la economía política se diferenciaba poco de la economía clásica burguesa–, mientras que en gran medida el marxismo occidental se preocupó por los temas filosóficos y culturales más que por la crítica de la economía política[5].
Por lo tanto, a principios del siglo XXI, leer El Capital es todavía un viaje de descubrimiento, aunque por supuesto se encontrarán algunos faros en la ruta, faros que sirven tanto para orientar como para indicar líneas de fuga. Uno de ellos, posiblemente el esfuerzo más sistemático por leer El Capital en las últimas décadas, es el seminario que coordinaron Louis Althusser, Étienne Balibar, Jacques Rancière y otros que culmina en Para leer El Capital (1965). Con todas sus limitaciones, que son tremendas (nos referimos, por ejemplo, al extraño pacto entre el determinismo y la libertad, condensado en los conceptos de “sobredeterminación” y “determinación en última instancia”, y a la división demasiado pragmática entre ciencia y lucha ideológica), la obra constituye un hito que no ha sido superado en términos de difusión y reconocimiento. Así lo consignamos en la convocatoria y en el plan de trabajo del encuentro.
Con espíritu provocador, llamamos al encuentro ¿Para qué sirve El Capital? Habíamos observado un interés renovado en el marxismo y en El Capital, que alcanzó incluso a la derecha mundial (¡hasta a Nicolas Sarkozy!). Por ello escribimos una convocatoria al encuentro en la cual se planteaba la importancia del “modo de empleo” revolucionario del libro. Transcurrido un año, podemos constatar con satisfacción la amplia variedad de respuestas –plasmadas en gran medida en este libro–, incluyendo una que implícitamente rechazó la premisa del propio encuentro: el carácter instrumental de una obra científica como El Capital. El libro de Marx, según los ponentes Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, no “sirve” para nada sino que comparte con la ciencia normal un compromiso desinteresado con la verdad, aunque la obra no deje por ello de tener consecuencias revolucionarias.

Desarrollo de las jornadas
Las tres jornadas del encuentro se organizaron temáticamente. En la primera jornada, “Orden/Énfasis en El Capital”, propusimos el tema de cómo leer el libro y por dónde empezar. Pensando en nuestro momento, preguntamos cuáles son los puntos de entrada más relevantes y cuáles los capítulos con mayor actualidad. Al formular estas preguntas, recordábamos varias propuestas sobre cómo abordar el libro, incluyendo la del propio Marx, quien sugirió la posibilidad de empezar por el capítulo octavo sobre la jornada laboral, y la de Althusser, quien propuso como vía de acceso el capítulo cuarto sobre la trasformación del dinero en capital. La virtud de estas propuestas consiste en que rompen con el carácter de El Capital como códice sagrado, restaurando así su condición de libro que puede ser útil para lectores en diferentes circunstancias y con niveles desiguales de preparación.
Respondiendo a estas preguntas, Néstor Kohan argumentó –tras presentar algunas ideas sobre quién fue Marx y qué es El Capital– que se puede comenzar la lectura de esta obra clásica por el final del Libro I, específicamente por el capítulo XXIV, dedicado a la acumulación originaria. Para Kohan, El Capital encierra un fin político –es un misil lanzado a la burguesía[6], un arma para la revolución– y esta finalidad, en nuestro momento, se restablece al “leer el libro al revés”: es decir, comenzar con ese capítulo que resalta el papel de la violencia para establecer y mantener el capitalismo. Hace muchos años el propio Marx reconoció la dificultad de los primeros capítulos, cuya exposición a veces genera la percepción ilusoria de que el libro está describiendo “una construcción apriorística”[7] y la idea –también errada– de que El Capital es un tratado de economía. La propuesta de Kohan es restaurar el carácter histórico y político del esfuerzo de Marx.
En su intervención en esta primera jornada, Iñaki Gil de San Vicente meditó sobre la unidad de la crisis objetiva y la crisis subjetiva e hizo hincapié en que El Capital es una obra con múltiples niveles. El libro merece un estudio sistemático y en grupo, que habrá de orientarse según se exprese la actualidad de la revolución en un contexto específico. Las presentaciones de la primera jornada concluyeron con comentarios de Rubén Zardoya: “El Capital es un gran océano” en el que el lector puede sumergirse con objetivos diversos: en el se puede encontrar tanto una guía para la revolución como un modo de pensamiento teórico que sirve como referente en campos de estudio muy diversos, incluido el estudio de la religión.
La segunda jornada, “Método de Marx/Dialéctica”, fue la más dinámica y apasionada, ¡circunstancia que rara vez encontramos en seminarios teóricos! El debate partió de los siguientes interrogantes: ¿La dialéctica es parte esencial de la teoría marxista? ¿Constituye ésta un conjunto de leyes generales del acontecer histórico? ¿La dialéctica puede convertirse en algo metafísico y anticientífico? En el curso de las discusiones se evidenciaron posiciones y tendencias aparentemente irreconciliables. Abriendo el panel, Néstor Kohan realizó una contextualización histórica del debate: un recorrido que pasó por las posiciones de Bernstein, Luxemburgo y Della Volpe. Kohan identificó el rechazo de la dialéctica con el abandono del marxismo revolucionario –posición que abre las puertas al eurocomunismo y al posmodernismo–. Su tesis central es que negar la dialéctica desemboca en el planteamiento de un mundo sin conflictos profundos, sin contradicciones.
Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, por vía de teleconferencia, plantearon que la dialéctica es sencillamente lo contrario del materialismo. Comenzaron su argumento con lo que consideran el “Discurso del Método” de Marx: la introducción de 1857 a los Grundrisse, donde Marx identifica la dialéctica de Hegel con la idea de un pensamiento que se mueve por sí mismo. Este núcleo duro de la dialéctica no se podría mantener ni siquiera “invertido” en el marxismo ni en el materialismo. Fernández Liria y Alegre Zahonero también argumentaron que Marx se fue apartando del legado hegeliano a lo largo de su trayectoria, como indicarían los toques antidialécticos a la edición francesa de El Capital de 1875. Para ellos, la práctica teórica más definitoria de Marx consistiría en pensar no con la historia –llevados por su corriente, como se imagina desde la óptica dialéctica– sino pese a la historia.
Rubén Zardoya cerró la segunda jornada precisando conceptos: qué es la dialéctica, cuál es el ámbito de su aplicación, qué es lo metafísico (en este último caso, a través de una genealogía del concepto). Zardoya afirma que Marx es un pensador profundamente dialéctico, mas la dialéctica, cuando se convierte en una ciencia general con unas leyes de aplicación universal, se convierte por necesidad en un sistema metafísico. La cualidad decisiva del modo de pensamiento dialéctico se expresa en el principio de inmanencia del método al contenido, razón por la cual el método de El Capital se circunscribe a su objeto de estudio: el capitalismo.
Finalmente, en la tercera y última jornada, se propuso el tema “Horizonte histórico/Vigencia de El Capital”. Vladimir Acosta abrió la sesión defendiendo la actualidad de la obra de Marx sobre la base de la vitalidad del propio capitalismo. A saber, El Capital no es un tratado sobre animales extintos, sobre dinosaurios o mamuts, sino sobre un modo de producción que es hoy más dominante que nunca.Refiriéndose al estudio económico hegemónico, Acosta argumentó que éste no sólo no ha superado la obra de Marx, sino que más bien ha quedado rezagado, sin llegar a ser ciencia precisamente por no haber asimilado la obra de Marx y del marxismo.
En su intervención final, Iñaki Gil de San Vicente vinculó la vigencia de la obra de Marx con la del movimiento al que pertenece: El Capital es efectivamente consustancial con el proyecto comunista. Gil de San Vicente resaltó que la propia obra de Marx tiene un fuerte elemento colectivo –con el conocido aporte de Engels y la colaboración más subterránea de Jenny von Westphalen, compañera de Marx–. El Capital es una obra necesariamente inacabada –un fuego que “nunca debe apagarse”– y es en esencia una metodología abierta que puede aplicarse a problemas que apenas se vislumbraron en la vida de Marx.
La jornada cerró con una ponencia de Rubén Zardoya, quien concluyó que el aparato categorial de El Capital sigue vigente para el estudio del capitalismo en la medida en que éste hace referencia a la esencia del modo de producción y no a una u otra modalidad o circunstancia fortuita suya, pero recalcó que son necesarias las más diversas mediaciones para llegar a comprender la realidad actual. Zardoya explicó que un rasgo del pensamiento vulgar es pensar a partir de los libros y no de la realidad, y recordó lo dicho por Lenin a Bujarin: una revolución no se hace con libros viejos.

Conclusiones y puntos de coincidencia
Nuestras discusiones en el contexto del seminario ¿Para qué sirve El Capital? –decirlo es casi tautológico– giraron alrededor de temas de desacuerdo: la dialéctica, el estatuto de la verdad en el marxismo, las vías de entrada a la obra y el grado de autonomía que tiene El Capital en la trayectoria teórica de Marx. Sin embargo, a pesar de las importantes divergencias que se expresaron en el seminario sobre estos problemas de vieja data, es necesario reconocer que también encontramos coincidencias de carácter implícito. Hoy día, a través de una lenta deriva, los debates marxistas se encuentran sobre un terreno marcadamente diferente al de los marxismos dominantes del siglo anterior, un terreno en el que se ha entrado de forma inadvertida y que abarca un conjunto de referencias comunes. Proponemos como hipótesis que estas referencias compartidas son las que realmente hacen época, formando un nuevo campo discursivo.
¿A qué nos referimos? Tomemos los argumentos sobre la dialéctica en dos momentos históricos. Hasta hace sólo medio siglo, en los debates sobre el tema, tanto los partidarios de la dialéctica como los detractores por lo general apostaron con optimismo a que los mecanismos de la propia dialéctica (o del progreso no dialéctico) nos conducirían determinísticamente al socialismo. En cambio ahora, como se evidenció en el encuentro, tanto los que militan en el campo no dialéctico como los que reivindican la dialéctica podrían decir –parafraseando lo dicho por Engels sobre la historia– “la dialéctica y sus categorías no hacen nada”, no constituyen un motor de la historia separado de los sujetos humanos.
En lo que atañe específicamente a la transición entre el capitalismo y el socialismo, en el seminario todos concurrimos en el alto grado de discontinuidad existente entre uno y otro, hecho que nos hace desconfiar de los lazos y vías preestablecidas entre ambos. En otros términos, tanto los “antidialécticos” como los “prodialécticos” concuerdan hoy en la ruptura radical entre el capitalismo y el socialismo y en la necesidad de hacer una revolución que la dialéctica de por sí no va a hacer por nosotros. En cambio, hace poco más de medio siglo, tanto los “dialécticos” como los “antidialécticos” confiaron, como norma, en que los saldos del desarrollo capitalista –como la industrialización y la centralización de la producción y del poder político– trazarían claramente la ruta de la transición al socialismo.
Algo similar ocurre en relación con un segundo tema de debate: la cuestión de si El Capital es ante todo una obra de “ciencia normal” (“Marx como un Galileo de la historia”, según lo dicho por Fernández Liria) o un misil lanzado a la burguesía (un instrumento en la lucha por el comunismo, según la visión de Kohan y Gil de San Vicente); y paralelamente si la verdad es objetiva y absoluta o, por el contrario, está subordinada a la práctica. Por importante que sea esta diferencia en cuanto a cómo se concibe la racionalidad –en un caso se apela a una racionalidad universal, en el otro se vincula la racionalidad con la clase social–, el terreno en que se lleva a cabo este debate ha cambiado sustancialmente. En una época no tan lejana, cualquiera de las dos partes hubiese supuesto que El Capital era una obra asimilada y hasta un tanto superada: en el primer caso, por pertenecer a la ciencia normal del siglo XIX, en el segundo, por el desarrollo teórico del marxismo y la teorización del imperialismo en el siglo XX. En cambio, en nuestro contexto, coincidimos en que El Capital es una obra que aún no ha llegado a su destino: es decir, ¡es ciencia normal todavía marginalizada o arma clasista todavía por incorporar a la praxis!
La deriva lenta e inadvertida que, según nuestra hipótesis, afecta el terreno de los debates en el marxismo también se evidencia en otra cuestión: el problema de lo humano y del humanismo. Este tema, que subyace en muchos de nuestros debates sobre El Capital, muestra un desplazamiento notable; hoy día cualquier apuesta sobre el carácter “humanista” o “antihumanista” del trabajo de Marx tendría que prescindir del concepto cómodo y sustancialista de lo humano dominante en los años 50 y 60. La explicación de este giro es sencilla. Frente a las cotidianas tempestades sociales (brotes fascistas y guerra) y planetarias (destrucción ambiental, brechas metabólicas), “lo humano” hoy no puede darse por sentado. Esta innegable y profunda precariedad del ser humano –al haber sido sacudidas profundamente las bases naturales y ontológicas de la especie– marca nuestra época, y mientras nos aparta de cualquier proyecto socialista que sólo prometa un mejor reparto de los bienes, también nos invita a apostar por el socialismo como opción civilizadora, como respuesta a la barbarie interna de nuestro presente capitalista. Es por eso que, cuando nos acercamos a este libro que Rubén Zardoya llama “un gran océano”, junto con la conciencia de que el socialismo lo construimos nosotros mismos, lo hacemos fundamentalmente por su promesa de salvarnos de la barbarie capitalista y con la esperanza de escapar de las ruedas de aquel jaggernatdestructivo de nuestra propia creación.

[1] Marx, K.: El Capital: crítica de la economía política (traducción y notas: Pedro Scaron), Siglo XXI,México, 1975, Libro I/3, pág. 805.
[2] Ibid., pág. 8.
[3] Lenin escribe: “¡En consecuencia, medio siglo más tarde, ningún marxista ha entendido a Marx!”. Cfr. Conspectus of Hegel’s book The Science of Logic en Lenin’s Collected Works, Vol. 38, Progress Publishers, Moscú, 1976.
[4] Heinrich, M.: An Introduction to Karl Marx’s Capital, Monthly Review Press, Nueva York, 2004, págs. 24-25.
[5] Anderson, P.: Consideraciones sobre el marxismo occidental, Siglo XXI, Madrid, 1979, págs. 59-61, 64-67, 94-97.
[6] “Misil lanzado a la burguesía” es la exultante descripción que usa Marx para describir su recién terminado libro. Carta de Karl Marx a Johann Philipp Becker (17/IV/1867) en Karl Marx-Frederick Engels Collected Works, vol. 42 (1864-1868), Lawrence & Wishart, Londres, 1975-2005, pág. 358.
[7] Marx, K.: El Capital: crítica de la economía política (traducción y notas: Pedro Scaron), Siglo XXI, México, 1975, Libro I/3, pág. 19.

RUBÉN ZARDOYA EN ESCUELA DE CUADROS

El marxismo soviético, como el marxismo occidental, no fue monolítico sino que encerró una diversidad de tendencias en una lucha que, por ser silenciosa, no dejó de ser real. El intelectual cubano Rubén Zardoya, formado en la URSS bajo la influencia del marxismo de Evald Iliénkov quien tuvo un engranaje riguroso con la filosofía clásica y desarrolló una interpretación no-sujetiva de lo ideal, ha dirigido su mirada crítica a un conjunto de temas en el programa Escuela de Cuadros.

En cuatro programas recientes, Zardoya, profesor de filosofía de la Universidad de La Habana con un rico estilo pedagógico, guía discusiones sobre Lenin y la transición al socialismo; la relación entre el marxismo y el mundo occidental; la diferencia entre la filosofía clásica y la filosofía vulgar; y la revolución alemana. 

LO MÁS RECIENTE DE ESCUELA DE CUADROS

Recientemente en Escuela de Cuadros hemos estudiado textos de Marx, Engels, Lenin y Ilénkov entre otros. Puedes ver los programas más recientes aquí.

ESCUELA DE CUADROS EN LA WEB

Ahora puedes ver los programas en www.youtube.com/escuelacuadros.

Escuela de Cuadros: 1 al 49
Escuela de Cuadros: 50 al 99
Escuela de Cuadros: 100 al 149

Para ver el listado completo de Escuela de Cuadros, haz click aquí

1er ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCUELA DE CUADROS

NUEVO EN YOUTUBE
Ahora puedes ver los videos del "1er Encuentro Internacional de Escuela de Cuadros" aquí.

La historia de la formación marxista y el vínculo entre la teoría y la práctica revolucionaria fueron los ejes fundamentales del “1er Encuentro Internacional de Escuela de Cuadros”, que se realizó los días 14 y 15 de enero de 2011 en Catia TVe, Caracas, y contó con la participación de cerca de 500 militantes de diversas organizaciones y de numerosos intelectuales como Jorge Beinstein, Amílcar Figueroa, Iñaki Gil de San Vicente, Martín Guerra, Néstor Kohan y Luís Suárez Salazar. Durante el encuentro “Escuela de Cuadros”, posiblemente el único programa televisivo de formación marxista de nuestro continente, se transformó temporalmente en un evento con paneles, debates y espacios formativos, y buscó transitar con público e intelectuales hacia una reflexión crítica sobre la formación de cuadros y masas en el pasado y en el presente.

Durante la primera jornada se desarrolló el panel “Vínculo y mediación entre la teoría y la práctica revolucionaria”, en el que el teórico vasco Iñaki Gil de San Vicente —presente en el encuentro por video— desarrolló en profundidad el tema de las mediaciones, tanto las que impone el capitalismo para desviar el vínculo entre la teoría y la práctica, como las que los revolucionarios deben desarrollar para fortalecer este vínculo, mientras el político y escritor peruano Martín Guerra se concentró en los contextos nuestroamericanos y el engranaje que los revolucionarios tienen que establecer con las culturas populares y nacionales, haciendo referencia al tema del mito en Mariátegui. En el mismo panel, el historiador venezolano Amílcar Figueroa señaló la importancia de rescatar los aportes de los teóricos marxistas venezolanos para concretar una praxis revolucionaria en nuestro contexto.


En el panel matutino del segundo día, “Historia e historias de la formación”, el intelectual argentino Néstor Kohan mapeó los esfuerzos diversos de la formación popular, desde los manuales soviéticos (criticándolos por su falta de historicismo y ausencia de preguntas) hasta las propuestas del Che, esbozadas en la famosa carta a Armando Hart de 1965. La propuesta de Kohan fue secundada y, en cierto sentido, ampliada por el economista argentino Jorge Beinstein, quien señaló que el marxismo ha de distanciarse de cualquier lectura de sí mismo como religión. El escritor cubano Luís Suárez Salazar habló de la importancia de la experiencia acumulada —recordando al público que ningún proceso socialista comienza de cero— mientras subrayó que no hay ni libro ni receta para la construcción del socialismo. En ambos paneles matutinos, una audiencia disciplinada y consciente formuló preguntas y generó ricos debates.


En la sesión de la tarde del segundo día, un amplio espectro de organizaciones (Partido Comunista de Venezuela, Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora, Movimiento Gayones, Movimiento de los Trabajadores Rurales sin Tierra-MST) trataron sus prácticas formativas en el panel “Historias de la formación: perspectivas críticas desde las organizaciones”.

(VIDEOS) ¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL? UN BALANCE CONTEMPORÁNEO DE LA OBRA PRINCIPAL DE KARL MARX

Entre el 30 de mayo y el 1 de junio se realizó el 2do Encuentro Internacional de Escuela de Cuadros con el título “¿Para qué sirve El Capital? Un balance contemporáneo de la obra principal de Karl Marx”. Ahora las ponencias de las tres jornadas están disponibles aquí.

150 PROGRAMAS DE FORMACIÓN MARXISTA EN LA WEB: LO QUE TODO REVOLUCIONARIO DEBE SABER...

Poco leído pero de singular actualidad, el ensayo de Victor Serge “Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión” es el tema del más reciente de los programas web de Escuela de Cuadros (www.youtube.com/escuelacuadros). Con el estudio y rescate de este texto en un programa conducido por el teórico vasco Iñaki Gil de San Vicente se alcanzan 150 capítulos de Escuela de Cuadros y cinco años dedicados a la formación marxista desde esta plataforma educativa.
Escuela de Cuadros es un espacio televisivo dedicado al estudio, debate y difusión del marxismo revolucionario. El proyecto comenzó con el estudio de “El Manifiesto Comunista” y ha recorrido un amplio espectro de textos marxistas, tanto clásicos como contemporáneos. Los programas y encuentros internacionales han contado con la participación de Atilio Boron, Amilcar Figueroa, François Houtart, Néstor Kohan y Rubén Zardoya entre otros.
Escuela de Cuadros se transmite semanalmente en Venezuela por ViVe Televisión (jueves, 10:30pm) y Catia TVe (jueves, 8pm).
Para descargar el listado de Escuela de Cuadros: www.scribd.com/doc/158293976
Puedes descargar los programas en: www.youtube.com/escuelacuadros
Para ponerte en contacto con Escuela de Cuadros: escuelacuadros@gmail.com

2do ENCUENTRO INTERNACIONAL DE ESCUELA DE CUADROS

¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL?
UN BALANCE CONTEMPORÁNEO DE LA OBRA PRINCIPAL DE KARL MARX.


El 2do Encuentro de Escuela de Cuadros se realizó en el CELARG, Caracas, del 30 de mayo al 1 de junio, 2013.
El 2do Encuentro Internacional de Escuela de Cuadros es una iniciativa del programa televisivo de formación marxista Escuela de Cuadros. Con el encuentro, los organizadores aspiran a aportar a los procesos formativos que se impulsan en organizaciones revolucionarias y contextos académicos. Durante el evento, Escuela de Cuadros –en el que recientemente han participado Vladimir Acosta, Jorge Beinstein, Atilio Boron, Theotonio Dos Santos y Vladimir Lazo entre otros– se transformó temporalmente en un espacio de encuentro con paneles, talleres formativos y debates con intelectuales marxistas.
¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL?
En los años 60 resurgió el interés en la lectura de El Capital; entre los espacios donde se retomó la obra despuntó el seminario de Louis Althusser que se concretaría en la publicación de Para Leer El Capital (1965); pero también el Che “volvió” a El Capital con sus estudios nocturnos en La Habana, e igual hicieron muchos otros en sus respectivos contextos, impulsados bien por el nuevo acceso a documentos inéditos (Los Grundrisse) o por el acontecer internacional –por eventos de tanta trascendencia como el XX Congreso del PCUS, la revolución cubana, el gobierno de la Unidad Popular en Chile, o las luchas estudiantiles del 68.
Hoy día, con la agudización de la crisis del capitalismo que estalló en 2008, el problema de la lectura de El Capital –aunque lejos de haber sido resuelto– está amarrado a otro: qué hacer con la obra de Marx. Cuando Slavoj Žižek escribió en su libro sobre Lenin “Marx ¡vale!, hoy en día incluso en Wall Street hay gente que lo adora: Marx, el poeta de las mercancías”, estaba señalando explícitamente lo que la historia intelectual del siglo XX había mostrado: hay usos de El Capital que no son cosa de la revolución. En este seminario nos preguntamos tanto sobre la interpretación como sobre el modo de empleo del libro de Marx –el modo de empleo revolucionario de El Capital...

PONENTES

Vladimir Acosta 
(Venezuela)

Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero (Estado español)
Iñaki Gil de San Vicente (Euskal Herria)
Vladimir Lazo (Venezuela)
Néstor Kohan (Argentina)
Rubén Zardoya (Cuba)

TEMARIO DEL ENCUENTRO
  1. Orden / Énfasis. ¿Cómo leer El Capital, en qué orden, por dónde empezar? ¿Con qué énfasis? ¿Cuáles son las secciones más relevantes hoy de El Capital? ¿Qué importancia tienen los manuscritos –y sobre todo los dos tomos que quedaron manuscritos– en la interpretación de la obra?
  2. Método de Marx / Dialéctica. ¿Qué importancia tiene la dialéctica en Marx y en El Capital? ¿La dialéctica se da en la realidad –constituyendo un conjunto de leyes generales del acontecer histórico– o la dialéctica en manos de Marx es sólo un método de exposición? ¿Existe el peligro de convertir la dialéctica en algo metafísico, anti-científico?
  3. Horizonte histórico / Vigencia. El Capital como documento histórico (producto del análisis del capitalismo industrial del siglo XIX) y como documento vigente (explicando la “media ideal” o lógica esencial del modo de producción capitalista); cómo reconciliar ambas expresiones para el empleo revolucionario del libro en el contexto de la crisis estructural del capitalismo.
METODOLOGÍA
El encuentro se realizó en tres jornadas. En las mañanas se realizaron paneles sobre uno de los temas (1. Orden / Énfasis. 2. Método de Marx / Dialéctica. 3. Horizonte histórico / Vigencia.), mientras que en las jornadas vespertinas se realizarán talleres guiados de lectura de El Capital.

CARTA A RUGE, PUNTO DE PARTIDA DE LAS REFLEXIONES DE MARX SOBRE EL PROLETARIADO


La carta que Marx escribe a Arnold Ruge en mayo de 1843 marca el momento en que, por primera vez, el joven intelectual alemán intenta definir el sujeto revolucionario. Aunque el texto –que fue publicado en los Anales franco-alemanes– no resuelve el problema, Marx empieza aquí a romper con el esquema jacobino en el que la burguesía dirige y la plebe le sigue.
En realidad Marx todavía piensa en dos sujetos de cambio: por un lado una burguesía ilustrada que sufre, a la que él llama “la humanidad pensante que es oprimida”, y por otro los trabajadores que comienzan a tomar conciencia y pensar por sí mismos: “la humanidad sufriente que piensa”. En la carta Marx aun no ha optado definitivamente por este último como sujeto revolucionario (lo que hará cinco años más tarde en el Manifiesto) ni que los intelectuales burgueses tendrán que, si se proponen ser revolucionarios, colocarse del lado de la clase trabajadora.
En este sentido, lo que Marx revindicará posteriormente será la autopraxis, la autoemancipación en la que la clase se libera a sí misma. Uno de los méritos de la Carta a Ruge es que, al representar una etapa superada en el desarrollo de Marx, nos ayuda distinguir su pensamiento maduro –centrado en la autoemancipación– de las posiciones de contenido esencialmente pre-Marxista. Un ejemplo de éstas es el planteamiento kautskiano en que la intelectualidad pequeño burguesa es dueña de una ciencia socialista que introduce “desde fuera” a la clase trabajadora.

Puedes ver el video aquí.

VIGENCIA DE LUXEMBURGO: ATILIO BORON SOBRE REFORMA Y REVOLUCIÓN



Los planteamientos de Rosa Luxemburgo en su célebre libro Reforma social o revolución (1899), tienen mucha vigencia en una América Latina en la que vemos procesos de transformación social muy significativos. Así lo afirma Atilio Boron en un reciente programa de Escuela de Cuadros en el que presentó el libro que la teórica polaca-alemana escribió para combatir el revisionismo de Eduard Bernstein.

El argentino se inspira en Luxemburgo para proponer que las reformas que tienden a la revolución son específicamente las que van "cambiando las condiciones objetivas y subjetivas de la gran masa de los explotados que conforman la sociedad capitalista" de manera que los trabajadores vayan adquiriendo conciencia de su situación, fortaleciéndolos en la lucha en contra del capital.


Boron, sociólogo y politólogo argentino, subraya que para Rosa Luxemburgo “reforma y revolución no son dos polaridades separadas sino que la reforma es un camino para avanzar hacia la revolución, si es que se dan ciertas condiciones que hacen que esta reforma transcienda el mero metabolismo de la sociedad capitalista y permita dar un salto... para dejar atrás toda una etapa histórica.”

En este episodio de Escuela de Cuadros, mientras se debate el papel de las reformas en el contexto latinoamericano, también se estudian los argumentos de Luxemburgo sustentando la ineluctabilidad de las contradicciones económicas en el capitalismo, pilar del marxismo generalmente desechado por el reformismo junto con la teoría del valor y la dialéctica.

La discusión sobre el libro de Rosa Luxemburgo con Atilio Boron se dio en el capítulo 104 de Escuela de Cuadros. Los episodios y materiales de apoyo de este programa semanal de formación marxista se pueden ver y descargar en www.youtube.com/escuelacuadros.

NUESTRA AMERICA MARXISTA: LA SEGUNDA DECLARACION DE LA HABANA

La Segunda Declaración de La Habana, como la revolución cubana misma, hace época en América Latina. No es sólo que el acontecimiento marca un antes y un después, sino también que hoy leemos la historia de lo que había venido antes con los lentes de lo que se proclamó aquel 4 de febrero de 1962. La Declaración en parte una respuesta a la expulsión de Cuba de la OEA fue leída por el compañero Fidel ante un grupo de dos millones de hombres y mujeres congregados en la Plaza de la Revolución, quienes lo ratificaron en un acto de democracia directa y popular.

El texto prendió la luz del internacionalismo consecuente en nuestro continente. Sin el más mínimo rasgo de chovinismo, la Segunda Declaración expresa una solidaridad inquebrantable con los pueblos de América Latina y del mundo. El posicionamiento es tanto moral como político: con speech-acts como éste la revolución cubana estrena una inédita práctica discursiva, cuyo rasgo sobresaliente es asumir en la palestra mundial un terreno impecablemente ético. Más adelante este cambio de paradigma se concretará en la “batalla de ideas”.

La trascendencia de la Declaración –su transformar del discurso revolucionario latinoamericano y mundial hace difícil ubicar con precisión los nuevos elementos y aportes. Sin embargo, junto con un internacionalismo resuelto y heroico, un registro ético-político, y una búsqueda de un bloque revolucionario específicamente latinoamericano, el texto se destaca por lograr una integración sinérgica de martianismo y marxismo. La elocución comienza con las palabras esencialmente leninistas del prócer cubano sobre el imperialismo norteamericano y termina con una referencia a la “marcha de gigantes”. Estos gigantes martianos caminan hacia una irrenunciable independencia que es claramente socialista.

Estudiamos la Segunda Declaración de la Habana en www.youtube.com/escuelacuadros con la dirección del escritor cubano Luis Suárez Salazar.

MARIÁTEGUI: BIÓLOGO DEL FASCISMO

Los artículos de José Carlos Mariátegui agrupados en “Biología del Fascismo” (una sección en La Escena Contemporánea) documentan el encuentro del joven Amauta con el fascismo mientras apuntan a un tema de mayor proyección: la barbarie capitalista. Los artículos tienen mucha vigencia ya que la barbarie capitalista y el empleo de técnicas fascistas no se limitan al hecho histórico del fascismo europeo, sino que continúan y se profundizan en el presente.

Tanto para Mariátegui como para Gramsci, el nacimiento y la expansión del fascismo europeo señaló una crisis en el discurso socialista e impulsó una reconsideración del mismo. Tras la muerte de su fundador, el marxismo hegemónico fue marcado por el mecanicismo y el economicismo. El fascismo les dio una dura lección a los revolucionarios: el socialismo, aun siendo una necesidad para la humanidad, no es un destino inexorable.

Frente a la amenaza hipnótica del fascismo, Mariátegui responde profundizando sobre lo subjetivo en la teoría y práctica socialista. El fascismo manipula a la clase obrera y a la clase media con mitos chovinistas, y nunca deja de operar en los ámbitos de la fe y la irracionalidad. De este hecho Mariátegui saca una doble conclusión: (1) el socialismo ha de trabajar su propio misticismo, y (2) un democratismo sin alma no ganará la batalla contra un enemigo tan hábil en el manejo de las voluntades y el espíritu como el fascismo –sólo un socialismo heroico podrá librar la batalla final contra la barbarie capitalista.

Estos textos abren a otros temas que el Amuata trabajaría más adelante en su debate con Haya de la Torre: su crítica a la demagogia y al caudillismo, vicios que existen no solo en las filas de la derecha sino también en las de la izquierda. Si desarrollando el tema de la subjetividad Mariátegui siembra la semilla del marxismo humanista, vital y romántico de América Latina, su crítica al caudillismo y a la demagogia marca el punto de partida en el debate sobre la “ética de la política” que tanta vigencia tiene hoy día.

Estudiamos “Biología del Fascismo” en Escuela de Cuadros 96 (www.blip.tv/escueladecuadros), con la participación del sociólogo peruano Gabriel Cabrera.

MANUSCRITOS DE 1844: MARX ESTRENA SU CRÍTICA A LA ECONOMÍA POLÍTICA

Aceptamos la propiedad privada: la damos por sentado en nuestro pensamiento y acciones, cuando cerramos la puerta de la casa, cuando planeamos nuestra trayectoria de vida, —educación, compañeros, hijos— o cuando hacemos cálculos en la bodega.

Justamente esta suposición es la que Carlos Marx se propuso cuestionar en su primer trabajo sistemático de crítica a la economía política. Escritos en 1844, los Manuscritos Económicos y Filosóficos vieron la luz pública tan sólo en 1932, revolucionando la imagen de Marx, haciendo pedazos la idea de que éste era un pensador especializado o cerrado. En el texto Marx esboza la estrategia de la revolución comunista a partir de una exposición completa, organizada y creativa en una obra que ha sido insuficientemente estudiada hasta la fecha.

Marx señala que la ciencia económica “parte del hecho de la propiedad privada pero no lo explica”. En verdad la explicación de la propiedad privada pasa por un secreto: el trabajo enajenado. Éste es el trabajo que separa al trabajador tanto de lo que produce como de su misma actividad productiva como ser humano. Es así cómo el trabajo se convierte en algo que nos separa, nos enferma, nos entristece.

Aún así el trabajo sigue siendo una expresión positiva de las capacidades humanas, desarrollando las fuerzas productivas de la sociedad, aunque en el capitalismo lo hace empobreciendo y desvalorizando al trabajador. El trabajo es la forma más básica de la praxis humana: una actividad adecuada a fines. Otra forma de praxis es la praxis revolucionaria, la militancia.

Y así un Marx de sólo 26 años esboza la revolución comunista: la necesidad de lograr otra manera de organizar la sociedad que puede llamarse producción comunitaria o comunista. Esta satisfará las necesidades materiales de un ser humano siempre en desarrollo, y lo hará de una manera alegre, positiva, liberando al sujeto de la “prehistórica" dominación del mundo de las cosas.

Tratamos los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844 con enfoque en la sección “Trabajo Enajenado” en Escuela de Cuadros no. 95. El programa cuenta con la participación del profesor de la UNAM David Moreno. Puedes descargar el programa y el texto en www.youtube.com/escuelacuadros.